El Mito del Diluvio Universal

Mientras me documentaba para mi novela Fénix sobre los indios Hualapai – pobladores de una amplia región al sur del Gran Cañón del Colorado en la que se asienta durante un tiempo el personaje principal de la novela – me llamó la atención la similitud entre su mito de la Creación y el del Diluvio Universal del Antiguo Testamento. El mito de la Creación explicaba el origen del pueblo Hualapai y el de las diferentes tribus que habitan esta zona de Norteamérica, así como el del propio Gran Cañón del Colorado. Pudiera pensarse que esta similitud se debe a la influencia que ejercieron los primeros exploradores españoles que llegaron a la zona. Sin embargo, no es así: se trata de un mito precolombino.

Está generalmente aceptado que los indios americanos poblaron el continente en una o más migraciones, partiendo desde Asia. Por lo general se cree que estas migraciones tuvieron lugar durante una época en la que Asia y América estaban conectadas por tierra a través del estrecho de Bering. Durante las últimas glaciaciones, la concentración de hielo en los continentes hizo descender el nivel de los océanos en unos 120 metros. Esto hizo que en diversos lugares del planeta se originasen conexiones terrestres a través del hielo, como en el caso del estrecho de Bering. Las dos últimas ocasiones en que se dio esta situación fue en los períodos comprendidos entre 40.000 AC – 36.000 AC y entre 25.000 AC 11.000 AC.

El Estrecho de Bering durante los últimos 21.000 años ( NOAA's National Centers for Environmental Information - NCEI )

   Existen diferentes teorías sobre cuantos movimientos migratorios diferentes condujeron a la población del continente americano, sobre las fechas en que tuvieron lugar e incluso sobre si la población de América del Sur tuvo un origen diferente:  resulta extraño que la mayoría de los descubrimientos antropológicos se hallan realizado en América del Sur (parecería lógico pensar que debería haber más hallazgos en el Norte, al ser lugar de paso de las migraciones y haberse dedicado muchos más recursos económicos a realizar hallazgos por parte de los norteamericanos).

El mito del Diluvio en las diferentes culturas


     Los mitos del diluvio en el continente americano no son algo exclusivo de los indios Hualapai. La leyenda se repite, con diferentes variantes en otras culturas americanas, de las que citaré algunos ejemplos:  

  • En América del Norte
    • Los Hopis (que habitan Arizona, al igual que los Hualapais), hablan de la destrucción del mundo a causa de un diluvio, del que algunos se salvaron al recibir un aviso y ponerse a salvo en canoas, con las que llegaron al Cuarto Mundo. ¿Podría referirse a América.
    • Diferentes tribus de la isla de Vancouver tienen un mito de la creación muy similar al de los Hopis.
  • En América Central
    Aunque muchas de las leyendas tienen claras reminiscencias cristianas, existen otras que se sabe son definitivamente precolombinas entre los:
    • Mayas – el Popol Vuh (recopilación de narraciones míticas, legendarias e históricas del pueblo k’iche’, el pueblo maya guatemalteco con mayor cantidad de población) habla del diluvio y la aniquilación completa de la población, que obligó a que el proceso de la Creación comenzara desde cero.
    • Tlapanecas, originarios de la zona de Guerrero, México.
    • Huaxtecs, habitantes de la costa del Golfo de México.
    • Aztecas – al igual que los Hopis, su leyenda dice que el diluvio supuso el cuarto cataclismo que destruía la civilización.
    • Totonacas
  • En América del Sur:
    • Cañari, en las provincias de Azuay y Cañar (Ecuador): solo dos hermanos sobreviven al diluvio y ven aparecer al cabo del tiempo a dos guacamayos volando (similitud con la paloma que aparece tanto en  la leyenda occidental como en la de los indios Hualapai).
    • Incas: el mito del diluvio llamado de Unu Pachakuti, enviado por Viracocha (el Dios Creador).
    • Mapuches (Sur de Chile).

Pero el mito del Diluvio Universal aparece también en otras culturas, además de en las americanas y en la judeocristiana: 

  • Sumerios (Mesopotamia) – S. XVI AC – El Poema o Epopeya de Gilgamesh, considerado como la obra épica más antigua, contiene la narración del diluvio universal. Se cree que la versión judeocristiana de este mito, que aparece en el Antiguo Testamento  (en el libro del Génesis), está basada en el Poema de Gilgamesh; la similitud entre ambas versiones es no solamente obvia sino incluso, en ocasiones, textual.
  • Griegos y Romanos (S. V AC) – Apolodoro y Ovidio. Hablan en sus mitos del Diluvio sobre un hombre que se salva en un Arca.
  • China – El mito de Miao. En esta ocasión las dos personas que se salvan del diluvio  -a bordo de una gran calabaza – son dos hermanos, hombre y mujer.
  • Temuas (Malasia) – Gran diluvio ocasionado por los pecados del hombre con dos supervivientes, un hombre y una mujer – no hay arca en esta leyenda, sustituida por un árbol en lo alto de una montaña.
  • Tais (Tailandia, entre otros lugares) – Gran Diluvio enviado por el dios Khun Borom, padre de los hombres.
  • Hawaianos – Diluvio y Arca de Nu’u (nótese la similitud del nombre con el de Noé).
  • India:
    • Mito de Manu – el primer ser humano – y Matsya – una de las formas terrestres del dios Vishnu -; aparece en el texto védico llamado Shatapatha Brahmana (datado en algún momento entre el 700 y el 300 AC) – Se trata de una versión del diluvio en la que aparece un Arca que es arrastrada hasta el Himalaya por un gran pez.
    • Mito de Puluga, el Dios creador de la religión de los habitantes de las islas Andaman: en esta versión del diluvio se salvan dos hombres y dos mujeres; los animales perecen pero son creados de nuevo por el Dios Puluga.
  • Massai (Kenya y Tanzania): versión del diluvio en la que aparece un Arca, una paloma y un gavilán.  
Las migraciones de los primeros seres humanos (Ministerio de Educación de Chile)
¿Un diluvio universal, muchos diluvios locales en diferentes épocas o un solo diluvio local?

   ¿Es posible que se produjese un diluvio Universal, que consiguiera anegar las tierras de todo el planeta? Parece altamente improbable, por no decir imposible, que esto pudiese llegar a suceder: ¿de dónde saldría todo esa agua? Para que las aguas llegasen a cubrir todo el planeta hasta, digamos, 5.000 metros de altitud (la cumbre del monte Ararat, donde descansaría el arca de Noé de la Biblia se encuentra a 5,137 metros sobre el nivel del mar) sería necesario que las nubes de la Tierra contuviesen aproximadamente 2550 millones de km3 de agua, o lo que es lo mismo: el doble de todo el agua existente en el planeta (incluidos los océanos, los ríos y los casquetes polares). Se estima que la cantidad de agua existente en toda la atmósfera terrestre en forma de vapor de agua es aproximadamente el 0,00005 % de esta cantidad, lo suficiente para cubrir la Tierra con una capa de solamente unos 25 metros de altura.

   Así pues, descartada la universalidad del mito, queda la posibilidad de que tenga como base un gran diluvio, una gran inundación localizada en una zona determinada del planeta. Y es que, en realidad, aunque los mitos del diluvio hablan de la desaparición del ser humano, universalizando el concepto, lo cierto es que todos ellos acaban ubicando a sus respectivos Noés en una montaña de su entorno: el monte Ararat de los judeocristianos, el monte Olympo de los griegos, el Himalaya en el caso del mito indio de Manu, etc… Si todas las versiones respondieran a un único evento, eso respondería a la pregunta de por qué los mitos son tan parecidos entre sí. Pero de ser así, ¿cómo es posible que se transmitiera esta historia a pueblos tan diferentes y tan separados geográficamente? Y, si se trató de un evento que tuvo lugar en una zona determinada del planeta, y por tanto afecó exclusivamente a los habitantes de dicha región, ¿por qué se mantuvo esta historia en la mitología de muchos otros pueblos, que no habían sufrido las consecuencias del desastre?

   Quizás la respuesta a estas dos preguntas sea la misma: quizás el diluvio “universal” tuvo lugar mucho antes de la expansión del ser humano por el planeta. Definitivamente, tuvo que ser antes de la llegada del ser humano a América, pues de otro modo no formaría parte del acerbo cultural de los indios americanos. Estaríamos hablando por tanto de que hubo de tener lugar antes del 11,000 AC y puede que incluso antes del 40,000 AC (las dos épocas glaciares más recientes durante las que se pudo cruzar el estrecho de Bering). Pero los habitantes de Siberia Oriental que poblaron América no siempre habían habitado la región de Siberia; habían llegado allí cientos o miles de años antes, provenientes de otros lugares. Y, en última instancia, del mismo lugar que el resto de los pobladores del planeta que mantuvieron este mito en su tradición oral: de África. ¿No podría ser que el Diluvio Universal hubiese tenido lugar allí antes de o durante la salida del homo sapiens del continente africano y transmitido oralmente, de generación en generación, a través de los siglos durante sus migraciones a lo largo y ancho del planeta?

El Mito de a Creación de los indios Hualapai (capítulo XLII de Fénix)

 

«Al terminar la fiesta los niños se arremolinaron en torno a uno de los ancianos, un hombre muy menudo y con la piel tan arrugada que pareciera tener más de cien años. Nyu yumé se situó a mi lado.
– ¡El anciano Smalk sabe contar las historias de nuestra gente mejor que nadie! Yo te traduciré.
– ¡Parece muy mayor!
– Es el más anciano de todos los indios país. Nadie sabe su edad.
   El anciano esperó a que todos estuviesen sentados y comenzó a hablar.
– Hoy estamos aquí reunidos, al amparo de este acogedor fuego bajo un cielo claro y repleto de estrellas – dijo señalando con un dedo hacia arriba -. La tierra nos acoge y nos proporciona el sustento que necesitan nuestros cuerpos. Está llena de seres humanos, en todas las direcciones a las que podamos mirar – dijo extendiendo los brazos –. Pero no siempre fue así. En el origen de los tiempos llovió durante cuarenta y cinco días y cuarenta y cinco noches. El mundo quedó cubierto por una capa de agua interminable. Todos los seres humanos perecieron, excepto un anciano llamado Pack-i-tha-a-wi, que se encontraba en el pico más elevado de la Montaña del Espíritu. 
   El anciano hizo una pausa. Todo el poblado, niños, hombres y mujeres, contemplaba embelesado al anciano como si fuese la primera vez que escuchaban aquella historia.
– Pasaron muchos días. El anciano, desde su refugio, contemplaba aquel mar infinito esperando el momento en que las aguas comenzaran a descender. Al cabo de un tiempo vio como se acercaba un pájaro desde lo lejos. Se trataba de una paloma; descendió del cielo y se posó junto a él. El animal le entregó un mensaje del Creador: debía clavar el cuerno de un carnero en la tierra. Pack-i-tha-a-wi obedeció y hundió el cuerno en el suelo, más y más hondo cada vez, moviéndolo de un lado para otro, hasta que las aguas se filtraron por el agujero que había hecho, en dirección al Mar de la Puesta del Sol. Parte de aquellas aguas siguen fluyendo por esa hendidura; los hualapai la llamamos Hack-ataia – el ruido ensordecedor – y los blancos Río Colorado. El anciano envió la paloma de vuelta, y cuando un tiempo después vio al ave regresar con un trozo de hierba fresca en el pico, se alegró, pues supo que la tierra se había secado.
– ¿Y qué paso después? – dijo la voz de un chiquillo de poco más de cuatro o cinco años que se sentaba en el regazo del anciano.
   Smalk sonrió y, después de dar una larga calada a su pipa, continuó.
– Cuando el anciano Pack-i-tha-a-wi partió a la tierra de los espíritus, el Creador dio vida a dos dioses, hermanos gemelos. Nacieron junto al arroyo sagrado Ha´thi-el, el arroyo salado, en las inmediaciones de la montaña sagrada de Wikame. Matvila era el hermano mayor, y Turcupa el menor, también conocido como Kathat Kanave. Ambos acordaron que sería este último – el más juicioso de los dos – quien gobernaría el mundo. Kathat Kanave fue enviado por el Gran Espíritu a un lugar en la orilla oeste del Colorado, un lugar donde había un gran cañaveral. En compañía del primo Coyote cortaron muchas cañas y construyeron un horno. Lo encendieron y colocaron los juncos en su interior. El Gran Espíritu le dijo a Kathat Kanave que crearía seres humanos a partir de aquellos juncos. Kathat Kanave se echó a dormir junto al arroyo y se despertó al cabo de un rato. Se acercó al horno y vio que las cañas se habían cocido muy poco. Pensó que quizás era debido a que había puesto demasiadas. Quitó unas cuantas y les llamó haygú, Gente Blanca – dijo señalándome con los brazos extendidos y las palmas hacia arriba -, y los mandó lejos. Dejó el resto de las cañas en el horno un tiempo y, cuando volvió a mirar, observó que tenían el tono adecuado, entre marrón y rojizo. Y dijo: “Vosotros sois mi gente: los Hual:Amat Pa”.
   El anciano hizo un gesto envolvente con las manos y todos prorrumpieron en murmullos de aprobación.
– Pero – continuó – Kathat Kanave se había dejado sin querer algunos juncos dentro del horno. Y cuando se dio cuenta se habían tostado demasiado. Los sacó y les llamó Gente Negra y los mandó lejos también. A nuestros antepasados los trajo al este, a este cañón sagrado de Mattawedita. Aquí nos enseñó a fabricar armas, a cazar, a recolectar comida y a cultivarla. Nos inició en los misterios del chamanismo – señaló a Pu-ut –, nos dio nuestras canciones, nos enseñó a bailar y a fabricar y usar nuestras toholwas. Y entonces, se vino a vivir con nosotros. Pero su hermano Matvila – el anciano levantó las manos imitando las garras de un águila – sintió envidia de lo que había hecho su hermano y del favor que recibía del Creador, y empezó a urdir en su contra. Se hizo cargo de una familia, los Whajes, y les enseñó a fabricar dagas con los cuernos del ciervo, a usar con precisión el arco y las flechas y a hacer mazas de guerra con piedras. Se produjo un enfrentamiento del que salieron vencedoras las familias pacíficas, lideradas por Kathat Kanave, y los Whajes fueron expulsados al desierto.
   Los chiquillos irrumpieron en gritos de júbilo, pero el anciano levantó sus manos pidiendo silencio.
– Matvila no se dio por vencido y enseñó a los Whajes a fabricar hachas de guerra y lanzas con la punta del pedernal. Con sus nuevas armas se lanzaron a la conquista del cañón sagrado. Kathat Kanave y sus gentes se refugiaron en una caverna, en lo alto de un farallón. Aprovechando la ventaja que les otorgaba su posición derrotaron una vez más a los Whajes. La gruta pasó a llamarse desde entonces Cueva de Kathat Kanave, el lugar que es inexpugnable.
   Los niños volvieron a celebrar la victoria de sus antepasados como lo habían hecho mil y una veces antes sus padres, sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos en torno a una hoguera similar a aquella, escuchando la voz de un anciano contador de historias. Resultaba agradable ver cómo se sentían parte de algo, parte de una historia quizás milenaria, ligada a un lugar que consideraban sagrado y que formaba parte de lo más íntimo de su ser.
– Durante muchos años vivieron todos en paz y se multiplicaron – continuó el anciano -. Pero llegaron a ser tan numerosos que el alimento comenzó a escasear. Kathat Kanave tuvo entonces que separarlos en grupos. Envió a los Mohaves al oeste, a los Paiutes al norte y a los Navajos, Havasupais y Hopis al este. Pero a nosotros, los Hualapai, su gente escogida, nos otorgó como hogar esta tierra de Hai:that, este cañón sagrado de Mattawedita, las grandes mesas cubiertas de pinos y las montañas al sur del río Colorado.»

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